¿Conoces todos los usos que pueden darse a lijas y abrasivos?

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¿Quién no conoce una lija? De hecho, ¿quién no tiene por casa alguna? La lija ha sido uno de los grandes aliados para los manitas de casa, para ser capaces de darle a superficies rugosas la suavidad necesaria para luego poder pintarlas o barnizarlas. Paredes, muebles e incluso piezas de plástico han pasado por las manos de una lijadora manual o incluso eléctrica.

Sin embargo, no solo sirven para desechar ese material sobrante, sino que los abrasivos son perfectos también para preparar superficies que lo que necesitan es, precisamente, rugosidad, para luego favorecer el anclaje de materiales y, por tanto, mejorar su adherencia.

Pese a que la madera y metal son los materiales que más trabajan este tipo de proceso, lo cierto es que con la llegada también de las impresoras 3d y demás productos de pvc, filamento e incluso plástico, es cada vez más habitual ver en la red consejos para encontrar las mejores soluciones para conseguir el acabado final perfecto.

Los tipos de grano abrasivos serán claves para conseguirlo. Para simplificarlo se puede hablar de lijas de grano cerrado, cuya superficie completa ejerce la presión para conseguir igualar el material sobre el que se trabaja y, por otro lado, la lija de grano abierto, que reduce en un porcentaje la concentración de grano en la banda o tira.

Pero, el material en el que se fabriquen las bandas o tiras también tiene gran relevancia. Tal como explican desde Abranor, con más de 20 años de experiencia en el sector, “hay productos de diferente composición como óxido de aluminio, zirconio, carburo de silicio y grano cerámico, todo ello, en diferentes soportes de papel, algodón, poliéster, combinación papel-tela y fibra”.

Todo para conseguir que los trabajos tanto de aficionados como en fábricas y demás empresas que necesiten soluciones abrasivas, sean lo mejor posible.

En realidad, pese a que toda la vida se ha usado este proceso, el automatizarlo con tiras de calidad en los procesos industriales tiene varias ventajas: menor rechazo del producto final y, sobre todo, un ahorro en los costes de gestión y mano de obra.

Gracias, además, a la automatización, toda la industria se ha visto beneficiada del ahorro de tiempo a la hora de usar las nuevas tecnologías, que además monitorizan los procesos, de la mano de los granos, productos y materiales más adecuados para cada lijado final.