El zaragozano Antonio Bellido quiere llevar las costumbres aragonesas a su nueva película

AZKEN BERRIAK

La sociedad aragonesa en la que nació Antonio Bellido nada tiene que ver con la actual.

Y esa es la que quiere plasmar en su próxima cinta, un largometraje musical en el que adaptará su novela, El hijo de la Molinera: Al Moncayo yo lo quiero, para homenajear unos orígenes no tan lejanos en los que España aún tenía un pulso complicado con la figura de la mujer y que han sido la base de una cultura que aún hoy lucha por dejar atrás sus complejos.

Ya lo dejó patente en forma de sainete dentro de sus líneas, cuando las buenas costumbres eran marcadas por la llamada autoridad competente que, llevado al mundo rural y a aquella Aragón de los años 60 era el cura, el alcalde, el médico y el boticario.

«Todo transcurre en un pueblo tranquilo y en una ficticia calma… ¡hasta que estalla tormenta! Y ésta se desata cuando la hija del alcalde, comprometida por su padre con el hijo del boticario, se enamora del hijo de la molinera, algo que las familias no aprueban. Un romance al puro estilo de Montescos y Capuletos, pero con aires aragoneses y mucha pasión baturra» explica el propio Bellido.

Antonio Bellido nació en Zaragoza y ya desde pequeño la música ha formado parte de su vida, haciendo composiciones para eventos.

Para el rodaje de la adaptación de su novela, en este sentido, volverá a apostar por el musical mudo, con un narrador y sin diálogos. Marca de la casa que tanto éxito le está haciendo cosechar con sus trabajos (entre los que se encuentra el largometraje Rumbo al paraíso fiscal o el mediometraje Cantando al amor), que están siendo premiados en los Festivales Internacionales.

Solo en 2021, cosechó 56 premios, pero, en lo que llevamos de 2022, suma 19 más.

«Mis cintas están teniendo un gran éxito en India, Estados Unidos y Europa. El cine independiente español está en la cumbre y es el momento también de ser profeta en la tierra. Por eso estoy en proceso de búsqueda de la financiación que haga realidad, en un formato low cost, este proyecto de largometraje con genoma aragonés» explica, porque después de toda una vida en el sector bancario, es ahora cuando de verdad, y con financiación propia, ha apostado por lo que de verdad le gusta: contar historias.

El rodaje que tiene en mente, que duraría unas cinco semanas, tiene su localización muy clara en la comarca del Campo de Borja, Zaragoza y Sagunto.